autorretrato sin manos. nueve puntas uno
yo soy el mar, tú eres yo, el mar eres tú, tú eres el mar, yo soy tú, el mar soy yo
yo no soy nadie, tú tampoco y no será el mar el que nos una, pero tampoco el que nos separe

autorretrato sin manos. nueve puntas uno

yo soy el mar, tú eres yo, el mar eres tú, tú eres el mar, yo soy tú, el mar soy yo

yo no soy nadie, tú tampoco y no será el mar el que nos una, pero tampoco el que nos separe

sabía de saber… aquella mañana ya sabía, pero quien más sabía eras tú, tú lo sabías, lo construiste a imagen y semejanza de aquello que te encadena, con alevosía, alargando con prisa aquellos hilos negros que enredarían las piernas de quien tú elegiste para cargar con una condena que no por ello te resulta menos pesada

autorretrato a dos manos. tres puntas tres

si alguna vez tenemos hijos… es muy importante que no sean transparentes, que no sean de mentira, es muy importante que no les enseñemos que la mierda nos sigue como una sombra, como un rastro de agua sucia, es importante construir su cuerpo miembro a miembro sin olvidarnos nada…

autorretrato a dos manos. tres puntas dos
tristeza es no haber deshecho antes el nudo que une la antítesis de las utopías con las entrañas más profundas del charco, ahora cristalino, de mis deseos

autorretrato a dos manos. tres puntas dos

tristeza es no haber deshecho antes el nudo que une la antítesis de las utopías con las entrañas más profundas del charco, ahora cristalino, de mis deseos

autorretrato a dos manos. tres puntas uno
puntas de seda, no sucumbas, que no te sientan. anestesiado por el olvido te rindes al llegar el alba, te rindes al miedo. trasparente el recuerdo que te sigue como una sombra, ya solo por inercia…

autorretrato a dos manos. tres puntas uno

puntas de seda, no sucumbas, que no te sientan. anestesiado por el olvido te rindes al llegar el alba, te rindes al miedo. trasparente el recuerdo que te sigue como una sombra, ya solo por inercia…

autorretratos a cuatro manos. siete puntas uno

caminaba y caminaba pensando que cada paso era igual al anterior, que cada sendero era repetido, sin darse cuenta que cada camino acaba en el mismo momento en el que empieza

Desde cuántas ventanas habremos mirado el mismo cielo y cuántos cielos distintos habremos mirado desde la misma ventana, todavía recuerdo los baños de Luna, la brisa necesaria, entrando solo para colmarme. Estiro el brazo y paso la mano bajo la almohada, un suspiro… no quiero nada más

Esto es lo que es, o no… que buena sabe esta manzanilla… y todo gracias a que tiramos aquella vieja cafetera que todo lo llenaba de tristeza invisible y grasienta que se quedaba pegada por todo el cuerpo, por toda la ropa, para acompañarte el resto del día… tan fácil fue tirarla y tan difícil tomar la decisión… tan hipócrita, tan de buena mañana, con esa promesa siempre dispuesta a desperezarte y día tras día cayendo en la trampa, directa a un suicidio, tan consciente y tan ciega, con esa no-imagen de lo que pasaría el resto del día en mi retina, en mis piernas y en mi pulso… 

Llego al parque, ya no es el mismo, me acerco a aquel banco donde me sentaba a fumar un cigarro mientras cada uno hace lo que tiene que hacer, pero ya no es el mismo, el agua del canal… ya no lo es, solo los patos y los cisnes, esos que duermen sobre aguas heladas, en contra de mi voluntad, me recuerdan a algo muy lejano.

Entonces aparece invisible, rompiendo todas mis divagaciones y me mira sin ojos, una mirada de reproche, ya se que he hecho algo mal…

pienso y pienso y por más que lo hago, no encuentro motivo, busco y rebusco, pero esa ya no soy yo… por mucho que quiera reparar el error no puedo expiar un pecado que no es mío, ya no.

Siempre quiso pensar que en la vida nada es cuestión de tiempo, el tiempo no existe,

tampoco los juegos, tampoco el día, tampoco el olvido…

solo queda desnudarse, mostrar la más tierna profundidad de las entrañas, esa que nos une a unos con otros…

esa que nos ofrece un sentido por el que inventar el tiempo, que no existe…

esa que nos hace jugar a un juego en el que no creemos y que tampoco queremos, para perder y olvidar, y volver a jugar…

esa que nos muestra la noche para después traernos lo que parece un día de gran sol, que nunca existió,

esa que nos hace olvidar la fría escarcha, para luego encontrarla cuando menos te lo esperas, por que no te desnudaste, porqué no lo hiciste.

Siéntate y deja que te encuentre

De nuevo de negro, de nuevo revancha

Solo esa sensación de estar manchando con tinta negra, la blanca y triste existencia que tenían planeada. Entrevés algo que se parece, pero un impulso lo deshace antes de apuntar la dirección, encaras otra vez, por si consigues ver como llegar, pero no da tiempo, todo lo que necesitas es tiempo…

Y pasa el tiempo, y cada vez más dulces las llagas que engendran tu suelo, heridas que manan aguas podridas, que bebes con gusto…  Ya ni siquiera la venganza tiene sentido, te derrites… Te conviertes en parte de esa tinta negra que manchará la blanca existencia de los hijos para los que planeaste un largo y bonito vuelo.

Llegó aquella noche, subida en unas manos la mentira a su boca, y llegó para quedarse.

Era difícil encontrar de nuevo aquel camino en el que todo era blanco,  ahora es otro, ha cambiado y ha esconderlo, cambió sin permiso.

Ahora se queda cantando al amanecer esas mierdas que no puede cantar a nadie, esas que no quería creer, y que le explotan inevitablemente en las yemas de los dedos. 

Pero es que dicen que una vez al año no hace daño.

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